LOS AFRO-GUATEMALTECOS A FINES DE LA COLONIAL LAS HACIENDAS DOMINICAS DE AMATITLAN Y DE SAN GERONIMO


 

LOWELL GUDMUNDSON

En los últimos años la historiografía sobre la población afroamericana en Centroamérica no ha podido avanzar al mismo ritmo de la historia social o económica en general. Sufre de varios problemas, dos de los cuales, orientan en particular nuestras investigaciones en curso sobre estas poblaciones en la Centroamérica decimonónica. Por un lado, el conocimiento que se tiene en este campo ha sido casi exclusivamente urbano cuando no capitalino, con los mejores y más numerosos trabajos hechos sobre Santiago de Guatemala o la nueva capital después de su traslado a fines de la Colonia. Por otro lado, hemos abrazado con bastante poco sentido crítico al anhelo liberal del siglo pasado con su exaltación del proceso asimilacionista de "ladinización." Si en los años más recientes no ha faltado el análisis crítico y la reflexión acerca de cómo se constituyó la categoría "indígena" y cómo evolucionó, lamentablemente no se puede decir lo mismo en cuanto a su equivalente opositor.


Dentro del grupo ladino encontramos diversas experiencias, pero lejos de ser una identidad vacía o evasiva, de "ningunidad" como han dicho algunos, para los afro-americanos el llegar a ser ladino podía significar un cambio sustancial desde el significado peyorativo colonial de pardo y mulato hacia una ciudadanía menos restringida. Es más, la historia social de esta época se resume y se expresa en el simple hecho de constatar que los oficiales coloniales empleaban, en un mismo documento y hasta en el mismo folio a veces, los términos "ladino" y "pardo y mulato" como sinónimo, a diferencia de "español" y "español americano". La historia social del siglo XIX se encargaría de transformar no sólo a los sinónimos, sino a la posición legalmente inferior de los afroamericanos, primero como partícipes en las luchas alrededor de la Independencia y de la Federación, luego como partidarios de la insurreción de Carrera y finalmente como figuras claves en gran parte de la expansión económica basada en el añil y la cochinilla.
Si bien es cierto que la población afro-americana fue más frecuentemente registrada y comentada en las ciudades, no es menos cierto que jugó un papel clave en la producción y distribución del azúcar, sobre todo en las haciendas propiedad de las Ordenes religiosas, los Dominicos y los Jesuitas sobre todo. Es con una comparación de las experiencias bien distintas -entre sí y aún más con la sociedad ladina en general- de Amatitlán y de San Gerónimo (Baja Verapaz) que quizás podemos avanzar hacia una mayor comprensión de este peculiar y clave contingente de los nuevos "ciudadanos ladinos."

De plantaciones y pueblos:
San Jerónimo, Baja Verapaz y San Juan Amatitlan
El destacado papel de los dominicos en la historia colonial de Guatemala es por todos conocido. Desde las hazañas de Bartolomé de Las Casas en la Verapaz, hasta la arquitectura urbana religiosa, la historia de la Orden de los Dominicos es inseparable de la del Reino de Guatemala. Menos conocido es su papel en la producción del azúcar y el uso de la mano de obra esclava africana y afroamericana. Entre sus muchas propiedades rurales y urbanas se encontraban cuatro de singular importancia, tres haciendas azucareras, la de San Jerónimo (Baja Verapaz), la de San Juan Amatitlán y la de Palencia, además del Convento Viejo en la capital donde se preparaba y se distribuía el producto final al mercado urbano.
Los intereses azucareros de los dominicos jugaron un papel dominante en el abastecimiento de la capital con los mieles para tanto el dulce como el aguardiente. Una investigadora ha estimado que el total de los ingresos dominicos entre 1775 y 1808 alcanzó el millón de pesos y que debían de haber tenido su origen en gran parte de estas propiedades azucareras extraordinariamente productivas. De las tres haciendas la de San Jerónimo fue, con creces, la más grande. Al fin de la Colonia se estimó que la hacienda de Palencia alcanzó unas 97 caballerías de tierra, con quizás unos 50 o 100 esclavos, mientras que La Compañía (alguna vez propiedad de los Jesuitas, de allí el nombre), una de varias propiedades cañeras lucrativas en Amatitlán, contenía unas 31 caballerías. San Jerónimo achicó a estas dos, con unas 437 caballerías de tierra y unos 550 o 700 esclavos. Esta hacienda "modelo" fue descrita por Cortés y Larraz como "la más preciosa del reino" porque tenía artesanos de toda clase, horno para fundir metales, etc. El producto material de la hacienda no fue menos impresionante, estimado por Cortés y Larraz en unas 7 200 arrobas por años, valoradas en no menos de 3 pesos por arroba, correspondiente a casi la mitad de la producción total destinada a la capital proveniente de las nueve haciendas azucareras más grandes (17 000-18 000 arrobas) del reino. Poco más tarde, se estimó que San Jerónimo producía unas 15 000 libras de azúcar por mes.


Las propiedades dominicas fueron los premios mayores en la expropiación liberal de los bienes de la iglesia en 1829. Palencia fue vendida por unos 28 075 pesos en 1829, pero fue restituida a los religiosos por Carrera en 1848. Sin embargo, el caudillo mismo intervino para asegurar los derechos adquiridos por parte de los vecinos y limitar a la autoridad clerical sobre la propiedad de la tierra. San Jerónimo fue vendida por la suma asombrosa de 253 526 pesos y ya para 1834 o 1835 se había convertido en propiedad de Marshall Bennett, nada menos que el socio de Francisco Morazán en la tala de árboles en la costa hondureña y promotor de los programas oficiales de colonización inglesa por desarrollarse en la década de 1830. Bennett también persiguió el remate del Convento Viejo en la capital, pero desistió en medio de críticas públicas. La hacienda de San Jerónimo fue reclamada por Bennett y por sus herederos a través de todo el siglo pasado y se caracterizaba por conflictos endémicos, desde ataques por parte de las fuerzas de Carrera en 1838, hasta invasiones de tierra e incendios en los cañaverales a fin de siglo, cuando el Estado intervino y ordenó la venta de lotes a los vecinos en espera de evitar mayores conflictos. San Jerónimo será el objeto de este estudio preliminar, aunque tanto Amatitlán como Palencia figurarán de manera prominente en nuestras investigaciones futuras.


Como veremos en breve, San Jerónimo fue de distintas maneras un caso único, especialmente en cuanto a su escala y su dependencia de la mano de obra esclava. McCreery hasta sugiere que a finales de la Colonia la mayoría de los escalvos varones vendidos en otras partes de Guatemala habían nacido en San Jerónimo. Sin embargo, esta fue una sociedad en donde la esclavitud coexistió con distintos grados de coerción de las vecinas poblaciones indígenas también. En cuanto a la tenencia de la tierra y los esquemas de cultivo, esta tampoco fue una fábrica rural con una integración vertical, centralizada. Los esclavos hasta "alquilaban" tierras de los dominicos y las descripciones contemporáneas sugieren que en las mañanas laboraban en los cañaverales y disponían de las tardes para cultivar a sus parcelas o huertas.
Se describió a las mujeres como encargadas de las tareas más "livianas" en el cultivo de la caña, pero el sustancial predominio femenino en las poblaciones en edad laboral sugiere un uso aún más generalizado de mano de obra femenina en las labores de campo. La versión guatemalteca de la sociedad de plantación puede haber sido distante de las imágenes tradicionales de los distritos cañeros con predominio masculino abrumador. Mas, dichas imágenes suelen confundir a las realidades esclavistas con aquéllas posteriores a la emancipación, dado que la investigación reciente ha demostrado que casi siempre las mujeres fueron más numerosas que los varones en las cuadrillas cañeras a través del Caribe esclavista, aún cuando tras la abolición rapidamente se cambiase por la mano de obra asalariada exclusivamente masculina. San Jerómino no parece haber sido una excepción a esta regla.


Si se puede pensar en San Jerónimo como el variente más africano y opresivo de las sociedad ladina en la Guatemala postindependentista, entonces Amatitlán fue de alguna manera el extremo opuesto dentro del mundo cañero. El sitio de muchas de las reminiscencias novomundanas de Gage, de intensa competencia por parte de los intereses azucareros tanto jesuitas como particulares a fines de la Colonia, y del "boom" guatemalteco de la cochinilla en la década de 1830, Amatitlán siempre había sido central a las estrategias dominicas. Sin embargo, ya para la época de la Independencia los dominicos no sólo habían perdido su dominio alguna vez casi total allí, sino que más importante, los vecinos pardos y mulatos también habían llegado a dominar los anteriores derechos propietarios de los indígenas en la zona al tiempo que escapaban del rigor de la esclavitud como status legal. La bonanza de la cochinilla aceleró enormemente no sólo la privatización de la tierra bajo el control no-indígena, sino la inmigración, la demanda por mano de obra y los precios de la tierra. Fue dentro de este contexto que, en los años 1840, Arturo Morelet encontró, asombrado, que los vecinos afroamericanos de Amatitlán habían prosperado junto con el "boom" nopalero:
"... Amatitlán se ha elevado en pocos años, gracias a la industria de sus habitantes, al nivel de las ciudades más ricas y florecientes del Estado. ...los esclavos negros, que cultivaban el suelo, recobraron entonces su libertad y se unieron a la raza indígena; resultó de esta fusión una variedad que hoy día domina en el valle, donde sobresale más que por la belleza de las formas, por el vigor muscular y también por su afición al trabajo mayor que en su espíritu de especulación. ... pobres jornaleros, pasando de la miseria a la opulencia, realizaron un capital de 100 000 a 150 000 pesos. ... Esta ciudad encierra hoy día siete mil almas, además de la masa flotante que es considerable cuando se recoge la cosecha."

Los propietarios agrícolas recién enriquecidos como productores de la cochinilla en Amatitlán haciéndose valer a expensas de los antes dominantes vecinos y compañeros de trabajo indígenas bien pueden haber tenido una concepción muy diferente del significado de la sociedad ladina y las igualdades republicanas que sus hermanos en San Jerónimo, sin ni mencionar a la sociedad plebeya de la capital. Los pardos y mulatos de antaño, los vecinos de Amatitlán ahora, recibieron a centenares de nuevos conciudadanos como parte del boom nopalero forjador de esta primera versión de la Guatemala ladina independiente. De distintas maneras, Amatitlán fue contrapunto al aislado enclave afroamericano de San Jerónimo en medio de una vecina población indígena bien distinta, separada y numericamente dominante. Es a esta particular, aún cuando extrema experiencia y sus aspectos sociodemográficos dentro de la sociedad ladina que prestaremos nuestra atención a continuación.

La comunidad multiétnica de San Jerónimo en 1821
En las vísperas de la Independencia y apenas a tres años antes de la Abolición, San Jerónimo albergaba una población esclava de no menos de 557 personas. Dentro de la hacienda dominica estaban instaladas dos poblaciones adicionales, unos 705 indígenas y 237 "vecinos livertos," para un total de 1 502 obreros residentes y sus familiares (Cuadro 1). Todas las tres poblaciones mostraban un predominio femenino, dramáticamente en cuanto a la población "liverta," con muchas y entrelazadas consecuencias sociales y demográficas (Cuadro 2).


En este nivel más básico de análisis merecen comentario dos anomalías. Existe un obvio agrupamiento de las edades, hacia las de 0 a 4 y rehusando las de 5 a 9 en toda la pirámide de edades, una práctica ampliamente constatada en muchas enumeraciones censales premodernas. Más importante, la extrema severidad de la 'ausencia masculina' en el grup de edades de 20 a 24 (y de 25 a 29 en dos de los tres grupos) puede sugerir alguna explicación basada en el reclutamiento militar o en la inmigración laboral estacional. Sin embargo, en varios casos se enumera a los varones esposos o cabezas de familia como "ausente," inclusive esclavos, y son registrados aquí. Así que la ausencia física de corta duración no pareciera ser la base de los desequilibrios entre los sexos reportados entre los adultos más jóvenes.
La base de la enumeración de 1821 en San Jerónimo fue la del grupo de parentesco. Su propia base implícita es la de la familia o el hogar, aunque ninguna de esas dos palabras (casa o familia) se emplea en verdad. Obviamente, algunos de los grupos de parentesco enumerados uno tras otro actualmente residían juntos bajo el mismo techo, sin cualquier indicación de tales arreglos. Igualmente seguro es que algunos lazos de parentesco no se revelan entre grupos emparantados pero enumerados por separado. Mas, cada vez que se expresan lazos de parentesco ('hermano', 'sobrino', etc.) que el encargado del censo desea notar para "reunir" a distintas personas, este hecho es reflejado en el conteo del número de varones y mujeres ("casado/a, viudo/a, soltero/a, niño/a") en los márgenes del documento (los "totales provisionales" del enumerador; dicho sea de paso, no suma bien y arroja una cantidad total de personas casi 50 por debajo del número de personas enlistadas).


Así que nuestra unidad de análisis, más allá del individuo en sí, es irremediablemente el grupo de parentesco, el cual es repetidas veces hecho "análogo" (tanto por nostoros como por el encargado del censo) a la "familia" y no debe confundirse ni con el "hogar" ni con la "residencia" literalmente. Sin embargo, se puede señalar la bastante alta frecuencia de los grupos de parentesco multigeneracionales dentro de todas las tres poblaciones (Cuardo 9), con toda seguridad hogares y residencias a la vez. Quizás no se revela toda la complejidad posible en cuanto a la vivienda, ni en cuanto a los lazos de parentesco, pero el supuesto implícito del documento es el de indicar lazos de parentesco más allá de los cónyuges y sus hijos sólo cuando es para "agrupar" a personas que en alguna medida o dependen del mismo cabeza de familia o corresponden a un grupo de "iguales" (hermanos o sobrinos, etc., con quienes presumiblemente residen).


Los tres grupos en San Jerónimo no se caracterizaron ni por un mestizaje generalizado ni por idénticos patrones demográficos o de parentesco. En realidad, uno de los rasgos más destacados es la clara separación de tanto 'livertos' como escalvos de sus vecinos indígenas. Las interacciones entre libertos y esclavos son obvias, en patrones de matrimonio (Cuadro 3), en cuanto a mujeres cabeza de familia y edad de matrimonio/parto (Cuadros 4-5), y hasta en las prácticas nominativas (Cuadro 10), pero de muchas maneras, los indígenas formaron un grupo aparte. En realidad, la poca frecuencia del matriminio entre indígenas y no-indígenas (Cuadro 3) es notable dado el hecho que los dominicos eran propietarios de toda la tierra próxima a la hacienda y uno podía suponer una gran proximidad física entre las poblaciones laborales en cuanto a residencia y tareas cotidianas.


Mientras todas las tres poblaciones fueron predominantemente femininas, esto fue particularmente el caso con la población liberta, con dramáticas consecuencias para los patrones de matrimonio y reproducción. Las mujeres libertas, y en menor medida las esclavas, tuvieron mucho menor probabilidad de casarse o de entrar en una unión co-residencial (Cuadro 5). Aún cuando tuvieron hijos como madres solteras, o antes de un eventual matrimonio/co-residencia, se caracterizarían por una menor fertilidad como grupo (Caudro 8). Básicamente, casi todas las mujeres indígenas se casarían o tendrían hijos eventualmente, mientras que significantes números de las mujeres libertas y esclavas no lo harían durante sus vidas reproductivas. Una de las más visibles consecuencias de este desequilibrio por género, y de la dificultad para los varones afroamericanos de encabezar al hogar, se nota en el gran número de solteras cabeza de familia (Cuadro 4). Donde sólo 13 de 146 cabeza de familia indígenas fueron solteras, hasta 19 de 50 lo fueron entre las libertas y 18 de 123 entre las esclavas.


Las mujeres indígenas solteras tuvieron hijos con bastante frecuencia, al menos 23 (comparado con unas 13 solteras, cabeza de familia independientes) quienes aún vivían con sus padres (Cuadro 9), mientras que sólo 6 libertas con niños se enumeraron con su padre/madre (versus 19 solteras cabeza de familia; las cifras para las esclavas solteras fueron 19 con su padre/madre y 18 independientes). Lo que se diferenciaba por etnicidad fueron los papeles sociales aceptables o decorosos (ser o no cabeza de familia), aparentemente más que el comportamiento demográfico o socio-sexual en sí (tener o no hijos antes/fuera del matrimonio).


Aproximaciones imperfectas a la edad de casarse o de tener hijos (Cuadros 5-6) no sugieren diferencias consistentes por etnicidad o status legal, a cambio del acceso al matrimonio o la probabilidad de ser cabeza de familia. Obviamente, estas cifras para la edad de la madre al nacimiento de su primer hijo, el simple resultado de restar la edad del hijo mayor reportado de la de la madre, estarían distorsionadas hacia arriba con cualquier muerte previa (o ausencia, sobre todo con los esclavos, donde la venta sería otra posibilidad) de primogénitos, pero más seriamente hacia abajo por la inclusión de hijastros. Sin embargo, es de dudar que fuesen tan frecuentes como para tener gran impacto sobre las cifras mediana o moda específico a sólo un grupo étnico o legal.


Mas, las cifras reportadas sí ponen en entredicho la confiabilidad de las declaraciones de edad en _í, al igual que con el "agrupamiento" de 0-4 en vez de 5-9. En otras palabras, si por lo general las mujeres de 15 a 29 años de edad que tuvieron hijos parecen haberlos tenido a los 21 años de edad o menos, entonces ¿cómo podría ser que virtualmente ninguna mujer de 15 a 19 años de edad a la hora del censo en 1821 estuviese casada o tuviese hijos? Quizás el encargado del censo (de común acuerdo con las declarantes), ¿estaba imponiendo un estándard no oficial de "decoro," de manera que el matrimonio o el parto en sí "envejecieron" a las jóvenes de 15 a 19 e hicieron que, en consecuencia, entrasen automáticamente en la categoría mayor de 20 a 24? En todo caso, las cifras no inspiran total confianza en este punto, aunque hay poca razón para pensar que cualquier distorsión en ese sentido variase por línea étnica o de status legal.
Finalmente, con algo tan mundano como la distribución diferencial de los apellidos se deja entrever la historia social de la comunidad multiétnica de San Jerónimo. Lo que emerge claramente de un análisis de las prácticas nominativas es que los esclavos y libertos se entrelazaron fuertemente, al compartir varios apellidos claves, pero pocos con sus vecinos indígenas (Cuadro 10). En particular, los libertos parecen ser altamente emparentados, con proporcionalmente menor número de apellidos entre los cuales escoger (72,4% de los individuos reportan uno de los diez apellidos más comunes entre los 31 reportados). Además, la influencia religiosa en la escogencia de apellidos parece bastante más evidente en los esclavos y libertos, donde dominan los nombres de santos (Cayetano, Lucas, San José) o de alusión religiosa (De Los Santos, De La Cruz, Trinidad), más que entre los indígenas. Y sólo los esclavos afroamericanos llevarían apellidos como "Soberanis," acaso una elección probable para aquéllos un poco más independientes de la instrucción clerical en esta esfera tan personal.


Conclusión
Marshall Bennett y sus herederos tuvieron mayor éxito con sus inversiones en la hacienda de San Jerónimo que con los desdichados proyectos de colonización inglesa. Sin embargo, y pese a los mejores esfuerzos de Bennett por reclutar a los decepcionados colonos ingleses -y por lo menos un grupo de más de 100 colonos/trabajadores portugueses- la hacienda de San Jerónimo obviamente nunca llegó a depender de mano de obra inmigrante europea. La media docena de ingleses con sus familias quienes protestaron al Cónsul Chatfield, horrorizados por el ataque a la hacienda de Carrera en 1838, casi seguramente o murieron de fiebres o huyeron a la capital o al extranjero, y la suerte de los portugueses queda totalmente en el misterio.


De mayor interés aquí es la evolución de la propia comunidad multiétnica de San Jerónimo, cuya diferenciación en vísperas de la Independencia como de la Abolición hemos explorado arriba. Sin duda, la ideología guatemalteca de supremacía ladina en medio de la nacionalidad liberal tuvo múltiples bases en la sociedad decimonónica. Mas, este proceso no sólo fue heterogéneo dentro de la sociedad ladina, sino que los afroamericanos desempeñaron papeles claves en todo ello. Futuros estudios de las plantaciones y pueblos dominicos de San Jerónimo, Amatitlán y Palencia sin duda ayudarán a esclarecer a muchas complejidades poco reconocidas de este proceso centenario.


Bibliografía:
Bertrand, Michel. "La tierra y los hombres: la sociedad rural en Baja Verapaz durante los siglos XVI al XIX". En: La sociedad colonial en Guatemala: Estudios regionales y locales. Edición de Stephen Webre. Antigua, Guatemala: CIRMA. 1989. p. p. 141-180.

Calderón Diemecke de González, Ofelia. El negro en Guatemala durante la época colonial. Guatemala: Editorial 'José de Pineda Ibarra'. Ministerio de Educación. 1973.

Cortés y Larraz, Pedro. Descripción geográfico-moral de la diócesis de Goathemala. 2 tomos; Biblioteca "Goathemala" 20. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia. 1958.

Chinchilla Aguilar, Ernesto. Historia y tradiciones de la ciudad de Amatitlán. Guatemala: Ministerio de Educación Pública. 1961.

Craton, Michael. "The Transition from Slavery to Free Wage Labour in the Caribbean, 1780-1890: A Survey with Particular Reference to Recent Scholarship". En. Slavery and Abolition. 13:2-1992. p. p. 37-67.

Donkin, R. A. Spanish Red: An Ethnogeographical Study of Cochineal and the Opuntia Cactus. Volume 67. Part 5-1977. Philadelphia: The American Philosophical Society. p. 84.

Gage, Thomas. Nueva relación que contiene los viajes de Tomás Gage en la Nueva España. Biblioteca "Goathemala" 18. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia, 1946.

__________. Thomas Gage's Travels in the New World. 2d. ed. Oklahoma: Ed. J. Eric S. Thompson. Norman: University of Oklahoma Press. 1969.

Gould, Jeffrey. "Gender, Politics, and the Triumph of Mestizaje in Early 20th Century Nicaragua".En: Journal of Latin American Anthropology. 2:1-1996. p. p. 4-33.

Griffith, William J. Empires in the Wilderness: Foreign Colonization and Development in Guatemala, 1833-1844. Chapel Hill: University of North Carolina Press. 1965.

Gudmundson, Lowell. "De 'negro' a 'blanco' en la Hispanoamérica del siglo XIX: La asimilación afroamericana en Argentina y Costa Rica". En: Mesoamérica 12 - diciembre de 1986. p. p. 309-329.

__________. "De temibles y bárbaros a ciudadanos ejemplares: los mulatos y las naciones en Centroamérica". Ponencia presentada en: Congreso de la Latin American Studies Association. Atlanta, marzo de 1994.

Haigh, Roger M. editor. Bibliographic Guide to the Guatemalan Collection. Salt Lake City: University of Utah Press. 1981.

Hale, Charles R. "Mestizaje, Hybridity, and the Cultural Politics of Difference in Post-Revolutionary Central America". En: Journal of Latin American Anthropology. 2:1-1996. p. p. 34-61.

Holleran, Mary P. Church and State in Guatemala. New York: Columbia University Press. 1949.

Jefferson, Ann. Tesis doctoral en preparación sobre la historia social de Oriente, 1800-1850.

Juarros, Domingo. Compendio de la historia del Reino de Guatemala, 1500-1800. Guatemala: Editorial Piedra Santa. 1981.

Langenberg, Inge. Urbanisation und Bevolkerungsstruktur der Stadt Guatemala in der ausgehenden Kolonialzeit: Einesozialhistorische Analyse der Stadtverlegung und ihrer Auswirkungen auf die demographische, berufliche und soziale Gliederung der Bevolkerung (1773-1824). Cologne and Vienna: Bohlau Verlag. 1981.

__________. "La estructura urbana y el cambio social en la ciudad de Guatemala a fines de la época colonial (1773-1824)". En: La sociedad colonial en Guatemala: Estudios regionales y locales. Edición de Stephen Webre. Antigua: Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, CIRMA. 1989. p. p. 221-240.

Lutz, Christopher H. Santiago de Guatemala, 1541-1773: City, Caste, and the Colonial Experience. Norman: University of Oklahoma Press.1994.

McCreery, David. Rural Guatemala, 1760-1940. Stanford: Stanford University Press. 1994.

Morelet, Arthur. "Viaje a la América Central y el Yucatán". Nuevo viajero universal. Vol. 3 (América). Guatemala: Biblioteca Brañas Universidad de San Carlos. Miscelánea No. 22565. p. p. 611-612.

Ortmayr, Norbert. "Matrimonio, estado y sociedad en Guatemala (siglos XIX y XX)". En: eds. Christopher H. Lutz, W. George Lovell, Arturo Taracena Arriola y Norbert Ortmayr. Territorio y sociedad en Guatemala: Tres ensayos historicos. Guatemala: Centro de Estudios Urbanos y Regionales: Universidad de San Carlos de Guatemala 1991. p. p. 58-125.

Palmer, Steven. "Racismo intelectual en Costa Rica y Guatemala, 1870-1920". En: Mesoamérica. 31 junio de 1996. p. p. 99-121.

Ruz, Mario Humberto. "Sebastiana de la Cruz, alias 'La Polilla', mulata de Petapa y madre del hijo de Dios". En: Mesoamérica. No. 23 (junio de 1992). p. p. 55-66.

Smith, Carol. "Myths, Intellectuals, and Race/Class/Gender Distinctions in the Formation of Latin American Nations" En: Journal of Latin American Anthropology.2:1 -1996. p. p. 148-169.

__________. "Race-Class-Gender Ideology in Guatemala: Modern and Anti-Modern Forms". En: Comparative Studies in Society and History. 1995. p. p. 723-749.

Solorzano, Juan Carlos. "Haciendas y ladinos en Guatemala (Siglo XVIII)". En. Anuario de Estudios Centroamericanos. Vol. 10-1984. p. p. 95-124.

Taracena, Arturo. "Contribución al estudio del vocabulo 'ladino' en Guatemala (S. XVI-XIX)". En: Historia y antroplogía de Guatemala: Ensayos en honor de J. Daniel Contreras R. Guatemala: Ed. Jorge Luján Muñoz. Facultad de Humanidades. Universidad de San Carlos de Guatemala. 1982. p. p. 89-104

Tobar Cruz, Pedro. "La esclavitud del negro en Guatemala". En: Revista de Antropología e Historia de Guatemala. 17, No. 1 (enero de 1965). p. p. 3-14.

Woodward, Ralph Lee. Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871. Athens: University of Georgia Press. 1993.