Descendientes mulatos de Juan Vázquez de Coronado


Trabajo presentado para la incorporación a la
Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas


 


Mauricio Meléndez Obando

En casi toda Latinoamérica, cuando se habla de las raíces de una familia, la gente se remite, sistemáticamente, a España, y olvidan el origen pluriétnico de nuestro pueblo. La razón de ese "olvido" tiene su fundamento principal en el racismo que se proyectaba (y se proyecta todavía) en América contra el indígena y, sobre todo, el negro, quienes fueron colocados en la base de la pirámide social durante la Colonia, en calidad de esclavos, el primero de hecho y el segundo de derecho, por más que algunos insisten en que los indígenas gozaban de los derechos plasmados en la legislación indiana.


Por eso resultó sencillo, para muchísimas familias americanas -por supuesto las costarricenses no han sido la excepción- borrar de su memoria la parte de su origen que consideraron "oscura", "indeseable", y exaltaron aquella que las ligaba a lo que todavía algunos llaman "madre patria".


En Costa Rica, el olvido de estas raíces pluriétnicas ha sido una constante, promovida por genealogistas preocupados por hallar "hidalguías" o "purezas de sangre" y por algunos historiógrafos que soslayaron el origen diverso de nuestra gente y promovieron el mito de la identidad "diferente" de los costarricenses respecto del resto de Centroamérica -especialmente-, abstrayendo al país de la realidad latinoamericana.


Así, el origen de los pueblos latinoamericanos modernos -es decir, luego de la llegada de los europeos a América- tiene tres raíces básicas: la amerindia, la caucásica y la africana.
Por suerte, la evidencia aplastante de este mestizaje del que hablo no solo ha quedado plasmado en cientos de documentos conservados en los principales archivos históricos del país, sino que las mejores pruebas somos nosotros mismos, según han podido comprobar los biólogos Bernal Morera y Ramiro Barrantes.


De acuerdo con los primeros resultados de sus investigaciones, el genotipo promedio de la población costarricense está conformado por un fuerte componente global de genes de origen caucásico (61,04%), seguido por el aporte amerindio (29,91%) y el africano (9,05%).


Morera y Barrantes afirman : "De manera general puede decirse que un costarricense promedio mantiene en su constitución genética trihíbrida combinaciones incluidas dentro de estas cifras".
Ante las pruebas histórico-genealógicas y genéticas, el mito de la "pureza" o "españolidad" de la población costarricense cae estrepitosamente y plantea la obligación de reevaluar la composición originaria de la mayoría de población costarricense actual.
Ciertamente, aunque la cantidad de indígenas y negros durante el periodo colonial fue comparativamente menor que en otras regiones, su presencia y la huella que dejaron en nuestro pueblo son indiscutibles y comprobables.
Costa Rica ha sido el país centroamericano en el que más se ha reflejado el enorme complejo de bastardía del que habla Leopoldo Zea : "Conflicto del hombre que lleva en su sangre y cultura al dominador y al bastardo. Bastardía que le viene al americano, no solo por la sangre, sino también por la cultura, o simplemente por haber nacido en América y no en Europa. (...) Complejo de bastardía expreso en el afán inútil por ser distinto de lo que es; por ser otro, renunciando a lo que es por sí mismo. Viendo lo propio como inferior a aquello que le es extraño y del que solo se considera eco y sombra."


Se ha rechazado el mestizaje porque -como asegura Zea- se considera que este no es más que la combinación de lo superior con lo inferior y por esto mismo, inferior. Cuando finalmente se acepta la existencia de la mezcla no pasa de ser un elemento curioso, casi "folclórico".

LA ESCLAVITUD..

Entonces, para llegar a un conocimiento integral de la herencia africana de los costarricenses, es fundamental el estudio de la esclavitud, que afectó ampliamente las relaciones socioeconómicas durante la Colonia y aun después de la Independencia.
El primer grupo humano esclavizado en América fue el indígena, que más tarde fue sustituido por el hombre africano, por lo menos legalmente, pues de hecho los indios siguieron trabajando como esclavos, en los regímenes de la encomienda, la mita y las reducciones.
En el Caribe, la esclavitud tuvo primordial importancia en las plantaciones de caña de azúcar; en Estados Unidos, en las plantaciones de algodón; en Costa Rica, su principal desarrollo corre paralelamente al surgimiento de la plantación cacaotera en el siglo XVII.
La esclavitud alcanzó en algunos periodos (sobre todo entre la segunda parte del siglo XVII y primera del XVIII) gran impulso entre la elite costarricense, debido al florecimiento del comercio cacaotero. Cuando esta actividad empieza a declinar a mediados del siglo XVIII, el comercio esclavista también.


Cualquiera que fuera su uso, el esclavo era, además, símbolo de status.
Casi siempre, el comercio esclavista en Costa Rica ha sido minimizado, por eso su desarrollo e impacto en la economía colonial esperan ser desentrañados.
La abolición de la esclavitud en Centroamérica fue decretada por el Gobierno Federal, el 17 de abril de 1824.

EL MESTIZAJE.

Debido al racismo contra los negros, resultado de la experiencia esclavista colonial y fomentada en otros periodos posteriores, uno de los aspectos menos estudiados de la esclavitud en Costa Rica ha sido el proceso de mestizaje y la integración de los negros traídos durante la Colonia con el resto de la población. Cosa similar ha ocurrido con el componente indígena en la conformación del costarricense.


En Costa Rica, la penetración europea fue tardía y en ella tuvieron mucha participación las elites criollas guatemalteca y nicaragüense, las cuales tenían amplia experiencia en "conquistar" y "colonizar" "nuevos territorios".
Así, cuando Cavallón llegó al territorio costarricense (1561), hacía 69 años los españoles habían arribado a La Española y hacía 50 años se habían traído los primeros esclavos negros a América. Asimismo, en sus campañas de conquista, los españoles traían a sus esclavos y criados indígenas.


De hecho, entre los primeros conquistadores y colonizadores de origen europeo en Costa Rica hubo mestizos. Por ejemplo, Francisco de Fonseca, de las huestes de Juan Vázquez de Coronado, era hijo de mulato y Alonso de Cáceres, soldado de Perafán de Rivera, era de color moreno.
Por eso, el proceso de mestizaje en Costa Rica (entre españoles, indígenas y negros) comenzó fuera de su territorio, aun antes de la llegada de los primeros conquistadores a lo que es actualmente Costa Rica, y adquirió mayores proporciones en los siglos XVI y XVII, cuando españoles, indios, africanos, mestizos, mulatos y zambos incrementaron sus mezclas entre sí. Y a pesar de que para estos siglos no hay suficientes datos para realizar afirmaciones categóricas sobre esta mixturación, sus consecuencias son comprobables en el siglo XVII y sobre todo al inicio del siglo XVIII, cuando aparecen cientos de familias mestizas y mulatas, en Cartago, San José, Heredia y Esparza.


Ya a principios del siglo XVII se hallan referencias de esclavos mulatos, mulatos blancos y cuarterones, así como sus descendientes ya libres, quienes paulatinamente se fueron mezclando con el resto de la población. Los descendientes libres de africanos fueron separados -oficialmente- del resto de la población cartaginesa en 1676, cuando las autoridades del Cabildo de Cartago ordenaron a los mulatos libres que vivían dispersos que se concentraran en la Puebla de los Pardos. Una cruz de Caravaca establecía el límite de este gueto.
Asimismo, la población esclava durante la Colonia fue predominantemente mulata. Salvo algunos periodos de auge en el contrabando negrero ilegal, la mayoría de los esclavos era el resultado de las relaciones interraciales entre negros, españoles e indios.
Ahora bien, no se puede pensar que el proceso de mezcla tenga su origen en las relaciones consensuales entre amo y esclava (encomendero e india), sino más bien en la violación del amo (o cualquier allegado de la familia esclavista o encomendera); ni tampoco que el mestizaje haya sido el proyecto español de colonización, como algunos idealistas afirman ahora.

 

ASIMILACION CULTURAL..

Además de la mezcla interracial, el negro esclavo era forzado a insertarse en la nueva cultura a la que había sido implantado, lo que generaba, entonces, el proceso de asimilación cultural.
Parafraseando a René Depestre, Problemas de identidad del hombre negro en las literaturas antillanas, la esclavitud despersonalizó al hombre africano deportado a América, con el que se pretendía únicamente generar riquezas materiales.
Depestre explica: "El hombre negro se convirtió así en hombre-carbón, en hombre-combustible, en hombre-nada. Este proceso de cosificación inherente al trabajo servil entrañaba otro que le era complementario: la asimilación cultural del colonizado."
En el caso particular del negro esclavo en Costa Rica, este proceso de asimilación cultural fue acelerado, quizá porque a diferencia de las grandes plantaciones de las Antillas, donde necesitaban gran cantidad de esclavos, en las haciendas de cacao en Matina, se requería un número reducido de ellos, quienes relativamente aislados entre sí no conformaron un grupo severamente segregado de los sectores de españoles pobres, mestizos, zambos y negros libres.


Este mismo proceso de asimilación, borró paulatinamente de la memoria colectiva de los esclavos, y sobre todo sus descendientes, su origen africano, que evidentemente los hacía ser menos en el orden social en que se vieron obligados a vivir.
El proceso de mestizaje forzado y acelerado, la relativa escasez de población negra, su heterogeneidad (venían esclavos de diferentes partes de Africa, con lenguas y culturas distintas), su aislamiento y su integración con otros sectores (españoles pobres, mulatos, mestizos y zambos) impidió el desarrollo de un grupo con características particularmente diferenciadoras, en el Valle Central.
El legado cultural de estos antepasados de los costarricenses está esperando ser descifrado. Por ejemplo, la investigadora Marjorie Ross ha planteado la posibilidad de que el gallo pinto halla sido creado en las cocinas de las esclavas. Pero, lamentablemente, toda expresión cultural que provenga de una minoría que sea adoptada por los grupos dominantes pasará al haber comunitario en el anonimato.


Tal proceso de mestizaje continuó hasta nuestros días, cuando se puede afirmar que se ha llegado a la gran síntesis étnica que comenzó con la llegada de los españoles a América.
Asimismo, miles de inmigrantes que han ingresado a Costa Rica en los últimos 150 años (jamaiquinos, chinos, italianos, españoles, alemanes, judíos, chilenos, nicaragüenses y salvadoreños, entre otros) están dando su contribución étnico-cultural a la nacionalidad costarricense.


Infinidad de familias que llevan hoy apellidos españoles tienen su origen en africanos (o indios) quienes, por supuesto, en tiempos remotos no tenían un sistema de identificación o nominación como el español.
Algunos podrán preguntarse sobre la utilidad que puede tener una investigación sobre los orígenes de los costarricenses, sobre todo en momentos de gran presión mundial a homogeneizar el género húmano, a eliminar las diferencias que caracterizan cada pueblo y a convertir el planeta en un gran y único mercado de bienes y servicios.
Precisamente para contrarrestar esa tendencia estandarizadora de la humanidad, es fundamental el rescate de las identidades de los pueblos, de sus historias; esas historias nunca antes contadas, aquellas que muchos historiadores han preferido callar para alimentar -no en vano- los mitos.


Los costarricenses no podrán tener una conciencia identitaria más auténtica, hasta que conozcan su pasado y lo asuman plenamente como integrantes del conjunto latinoamericano, cuyo origen común se remite a una historia de usurpación, violación, dolor y de amplia capacidad sincrética.

¿ESPAÑOL, MESTIZO O MULATO?..

Por otra parte, los criterios originalmente rígidos en la clasificación de la población por castas se fueron relajando en Costa Rica durante todo la época colonial, conforme el proceso de mestizaje se acrecentó. Precisamente, a fines del siglo XVIII, los criterios de las autoridades civiles y eclesiásticas para la distribución de la población según su casta se fundamentó en el conocimiento que estas tuvieran sobre los antepasados de las personas o en su apariencia física, cuando este era el caso la clasificación podía resultar antojadiza.


Así, individuos blancos podían recibir las categorías de mestizos o mulatos si tenían un antepasado indígena o negro -respectivamente- reconocible, o si la autoridad percibía rasgos indígenas o negroides en el individuo. En los registros de bautizos, la clasificación de la criatura podía depender de lo que manifestaran los padrinos, quienes eran los encargados de llevarla a la pila bautismal.
El proceso de mestizaje de los tres grupos étnicos fundamentales produjo confusión. Por esta razón, encontramos hijos de un mismo matrimonio consignados indistintamente como mestizos, mulatos o españoles, lo que demuestra el proceso de mezcla en la población costarricense durante la Colonia. También se hallan casos de un mismo individuo, quien, en diferentes etapas de su vida, recibe distintas categorías. Por ejemplo, José Joaquín Ulloa Ulloa, hijo legítimo de don Tomás Cayetano Ulloa (criollo español) y María de la Encarnación Ulloa (mulata blanca), es consignado como mulato en la partida bautismal (1786); en su partida matrimonial (1808) recibe el tratamiento distintivo de don, exclusivo para los españoles -peninsulares o criollos-, y en el bautizo de su hija María de Jesús (1822) recibe la categoría de mestizo; asimismo, Dominga Ulloa Ulloa, hermana de José Joaquín, es inscrita como mulata en su partida de bautizo (1798) y como mestiza en la de casamiento (1817).


Los descendientes libres de los esclavos y los esclavos mismos intentaban unirse con una mujer de mejor posición social que la suya, como una forma de ascenso social; seguro de que sus hijos tendrían un mejor status. En estas familias, es frecuente encontrar casos en que sus nietos son consignados como mestizos y no como mulatos, quienes a su vez casaban, a menudo, con otros mestizos y entonces desaparecía la raíz africana de los documentos oficiales.


Además, en algunos casos, cuando la presencia de la raíz africana era remota, las personas recibían la categoría de mestizos. Tal costumbre hace pensar que muchas de las personas que aparecen consignadas como mestizas en documentos sacramentales y civiles tenían ascendencia africana, en muchos casos difícil de rastrear y determinar.


La reproducción criolla de esclavos costarricenses estuvo prácticamente fundamentada en las mujeres, primero con mayor intensidad en las negras, luego en sus descendientes mulatas. Casos de madres, abuelas y bisabuelas (y las hubo hasta tatarabuelas) de esclavos, son frecuentes en la documentación colonial. El blanqueamiento de esta prole, en el que dio su contribución genética el amo, sus hijos, sus parientes o amigos, se evidencia en las descripciones de sus descendientes, principalmente, a fines del siglo XVIII. Por ejemplo, se citan esclavos de color blanco (o loro), pelo liso, castaño o bermejo (pelirrojo), ojos claros y "cariaguileños".
Este proceso de blanqueamiento, que paulatinamente borró los rasgos de los africanos de los habitantes del Valle Central -no así en Guanacaste-, ha sido fundamental en la extensión de la idea de la "españolidad" de los costarricenses y del olvido de sus antepasados africanos.


Conocer el antepasado blanco de estas mulatas y su progenie resulta casi imposible, salvo para los casos de paternidad reconocida.

EL CASO DE ANTONIO SABORIO BONILLA
Y Dª GERTRUDIS SOLANO CORDERO

Entre los casos de descendientes libres de esclavos que logran unirse a españolas criollas pobres tenemos el del mulato Antonio Saborío Bonilla, quien casa con Da. Teresa Cordero Solano.
Antes de entrar en detalle sobre esta unión, debemos conocer la familia de Antonio. Los Saborío mulatos tienen sus raíces en los esclavos de Da. María de Escobar Guijarro y sus esposos (el teniente Juan de Saborío Paradinos, natural de la villa de Hornos , en Andalucía, España, y don Pedro de Azofeifo , natural de Cartago).
Cuando doña María casó en 1673 con Juan de Saborío, recibió como parte de la dote a la mulata zamba Mónica, quien había nacido en Cartago, hacia 1654.


Aunque se intentó rastrear el origen de Mónica, no se pudo encontrar algún documento que citara a su madre. Lastimosamente, no se conservó la carta de dote de Da. Catalina de [Garay] Lumbides, madre de María de Escobar Guijarro, donde de seguro se mencionaba, y en el testamento de Da. Leonor Alvarez Pereira -madre de Da. María de Lumbides y abuela de Da. Catalina- (1663) se cita únicamente que ella le dio en dote la mulata Mónica a su nieta Catalina.


Sin embargo, la madre de Mónica pudo haber sido la negra Luisa, quien nació hacia 1639, o la mulata Catalina, quien ya era madre en 1663, cuando Mónica tenía 9 años. Luisa y Catalina fueron esclavas de Da. Leonor Alvarez Pereira.
Durante el tiempo que sirvió al matrimonio Saborío de Escobar, hasta la muerte de don Juan -que ocurrió en el pueblo de Capira, cerca de Panamá , en 1686-, Mónica parió a Esteban (1673), Pedro (1677), Juan (1679), Cristina (1681) y José (1684); posteriormente, al parecer, tuvo, mientras sirvió a doña María y su segundo marido, Dn. Pedro de Azofeifo -quien falleció en el valle de Santa Ana , en 1699-, a Nicolás (1694) y a Gertrudis (1696).


Todos sus hijos fueron consignados como mulatos y a menudo se les cita como de "color pardo".
Pedro de Saborío recibió su carta de libertad del Lic. Francisco de Salazar, sacristán mayor de la ciudad de Cartago , el 22 de mayo de 1690, quien lo había comprado ese mismo día a Da. María de Escobar Guijarro.
Por su parte, Juan de Saborío -liberado en fecha no determinada- casó con María de Arguedas, con quien tuvo a Francisca Antonia, Manuela, Tomasa, Juan y Francisco. Juan y María ya habían muerto en 1719, cuando el Cap. José de Saborío Escobar y su esposa, Da. Juana Josefa de Ballesteros Saavedra, se obligan por los hijos menores de su antiguo esclavo .
Cristina fue entregada como parte de la dote a Da. Francisca de Saborío Escobar, cuando esta casó en 1704 con Dn. Antonio Aurelio de Zamora Ocampo; Cristina parió a Juan Manuel en 1712, cuando servía al matrimonio Zamora Saborío.
Desconozco el paradero de José y Nicolás; José es mencionado en la mortual del Ten. Juan de Saborío y la de Dn. Pedro de Azofeifo, pero luego no es vuelto a citar; por su parte, Nicolás es mencionado solamente en la mortual de Dn. Pedro.
Gertrudis fue entregada como parte de la dote de Da. María Magdalena de Azofeifo Escobar, cuando se otorgó carta dotal en 1719, en el valle de Curridabat , donde había casado en 1714 con Francisco de Chaves Hernández.
Esteban de Saborío , quien era el hijo mayor de Mónica, recibió carta de libertad condicional, en Cartago , el 23 de mayo de 1690, y casó a fines del siglo XVII o principios del XVIII con la mulata libre María de Bonilla. Da. María de Escobar Guijarro otorgó carta de libertad a Esteban cuando este tenía 16 años, pero no sería efectiva hasta cuando ella muriese. Monseñor Sanabria cita que Da. María de Escobar Guijarro murió en 1725; sin embargo, ella estaba viva aún el 13 de marzo de 1728, cuando fue madrina de su nieto José Antonio Zamora Saborío, en Heredia .


Esteban de Saborío murió en el valle de Barva y fue sepultado en la iglesia parroquial de Heredia , el 16 de enero de 1740. Su esposa falleció 21 años después, el 18 de abril de 1761, y fue sepultada en la misma iglesia .
Esteban y María fueron padres, entre otros , de Brígida, Antonio, Francisco (1708) y Juan de Dios (1714) , todos mulatos. Brígida casó en la villa de Heredia , el 7 de octubre de 1722, con el mulato Francisco de Figueroa Esquivel ; su hermano Francisco , en la misma villa , el 7 de setiembre de 1729, con la mulata María Alvarez Durán . y tal parece que Juan de Dios casó con Luisa Petronila Mora (o Maroto) .
A diferencia de sus hermanos, Antonio logró enlazarse con una española , aunque pobre, descendiente de los conquistadores Juan Vázquez de Coronado, Juan Solano y Cristóbal de Madrigal, además de varios peninsulares.
Antonio, quien era carpintero, casó también en Heredia , el 11 de abril de 1728, con doña Teresa Cordero Solano, hija legítima de Ambrosio Cordero y Da. Gertrudis Solano Vázquez de Coronado. Fueron padres de Antonia, Manuela, Francisco Cayetano y María. (Se verán sus descendencias más adelante). Da. Teresa estaba viva aún en febrero de 1786, cuando su hija Antonia dice que su madre está "sumamente accidentada de vejez hace muchos años"; debe haber tenido cerca de 70 años.
La filiación de doña Teresa con los Solano Vázquez de Coronado se comprueba en la mortual de Da. Josefa Fallas Solano, hija legítima del Cap. Francisco de Fallas y Da. Mariana Solano Vázquez de Coronado . Da. Josefa testó en San José , el 13 de setiembre de 1785.
Ambrosio Cordero debe ser el mismo que fue confirmado en Cartago , en 1690, hijo legítimo de Pedro Cordero y María de los Angeles; esto porque su nombre y apellido son poco frecuentes y es el único que se ha podido localizar en esa época.
Pedro Martín Cordero, quien era natural de Jerez de la Frontera, España, e hijo legítimo de Nicolás de Rivera y Lucía Cordero, casó en Cartago , el 13 de junio de 1676, con María de los Angeles Brenes, hija legítima de Lucas de los Angeles e Isabel de Brenes.
Se desconoce el origen de Lucas de los Angeles; Isabel, por su parte, debe ser la hija que cita Ambrosio de Brenes Espinosa en su testamento, en Cartago , el 24 de marzo de 1685; aunque en este menciona que Isabel casó con Francisco Esteban , con quien tuvo a María de los Angeles, su nieta. Quizá Isabel había casado dos veces, primero con Lucas de los Angeles y después con Francisco Esteban o, tal vez -aunque es poco probable-, estos dos eran una misma persona. El hecho de que Pedro Martín Cordero y María de los Angeles hayan nombrado a un hijo Ambrosio refuerza la idea de que se trata de la misma María de los Angeles, nieta de Ambrosio de Brenes.

...
Pedro Martín y María de los Angeles procrearon a Francisco, Ambrosio, Pedro, Cristóbal y Juana. Francisco fue bautizado en Cartago , el 25 de abril de 1680; Pedro y Cristóbal fueron confirmados en Cartago , en 1690; Juana casó con el español Francisco Medal Ramírez -natural del Puerto de Santa María, Sevilla, España, e hijo legítimo de Antonio Medal y María Ramírez-, quien testó en el valle de Aserrí , 1 de setiembre de 1703.
Da. Gertrudis Vázquez de Coronado, quien fue hija legítima del Ten. Pedro Solano y Da. María Vázquez de Coronado, aparentemente fue casada primera vez con Juan López.
Esta hipótesis surge porque Jerónimo Vargas menciona en un apunte de su puño y letra que debía tres pesos a su primo Félix Ureña. Jerónimo fue hijo legítimo de Manuel de Vargas (de quien no tengo más datos) y Da. María Morales Fallas. Da. María, a su vez, fue hija legítima del Cap. José de la Cruz y Morales y Da. María Marcelina Fallas Solano y esta, del Cap. Francisco Fallas de la Vega y Da. Mariana Solano Vázquez de Coronado.
Félix Ureña López era hermano de Eugenio, ambos hijos legítimos del Alf. Gregorio de Ureña y Da. Josefa López (siempre es citada con el tratamiento distintivo de los españoles -peninsulares o criollos-); Eugenio fue bautizado en Cartago , el 28 de abril de 1721. Sus padrinos fueron Miguel López y Da. Gertrudis Solano.
En las confirmas de 1690, en Cartago , se cita el matrimonio de Juan López y Gertrudis Solano, quienes fueron progenitores de Francisco y Juan. Entonces, tal parece que Da. Josefa era hija de Juan y Gertrudis; de ser así, Da. Josefa López fue prima hermana de Da. María Marcelina Fallas; Eugenio Ureña fue primo segundo de Da. María Morales Fallas y primo tercero de Jerónimo Vargas.

¿DINASTIA DE CONQUISTADORES?

Por otra parte, sería errado hablar, en Costa Rica, de una dinastía de los conquistadores determinada únicamente por lazos de sangre, en la que el poder político ha estado siempre en manos de los descendientes de Juan Vázquez de Coronado (como prototipo del conquistador español de alta jerarquía).
Sería equivocado porque, sin temor a equivocarnos, la mayoría de los ticos cuyas raíces familiares más antiguas se hallan en Cartago, San José o Heredia, son descendientes directos de este conocido español, y quien no descienda de él lo es de quienes acompañaron a Vázquez de Coronado, a Juan de Cavallón o a Diego de Artieda Chirinos, en la "conquista" de los indígenas y las tierras que estos habitaban.


Así, humildes costarricenses de diversas partes del país, de familias totalmente alejadas del poder político durante siglos, son sus descendientes: Fallas, Mesén, Vargas, Fonseca, Elizondo, Maroto, Chinchilla Bustamante, Guerrero, Cordero, Castro, Ureña, Céspedes, Saborío, Sandí, Zúñiga, Retana, Rojas, Obando, Monge, Carmona, Valerín y Chavarría, entre muchos otros.
Entonces, para hablar de una "dinastía" que se ha mantenido desde la Colonia, habría que evaluar otros factores (además de la consanguinidad), principalmente el status económico de ciertas familias de la época colonial que han estado relacionadas entre sí y con el poder desde hace siglos. Normalmente, estas familias eran fundadas por un español que entroncaba rápidamente con una tica de la "aristocracia" (a menudo descendiente de los conquistadores más "destacados").
Así, por ejemplo, Dn. Francisco Javier de Oreamuno Vázquez Meléndez, criollo natural de Tierra Firme (Panamá), casó en Cartago, hacia 1732, con Da. Ana Efigenia García de Estrada, criolla nacida en Cartago, hija legítima de Dn. Domingo García de Estrada y Da. Catalina González Correa. Dn. Francisco Javier fue gobernador de la entonces Provincia de Costa Rica y muchos de sus descendientes han estado relacionados con el poder hasta el presente.


A su vez, Dn. Domingo García de Estrada, español natural de Asturias, España, casó en Cartago, en 1708, con Da. Catalina González Correa, criolla nacida en Cartago, hija legítima del Alf. Isidro González Correa y Da. Juana Ramiro Corajo.
Finalmente, el Alf. Isidro González Correa, español natural de San Lúcar de Barrameda, España, casó en Cartago, en 1683, con Da. Juana Ramiro Corajo, criolla nacida en Cartago, hija legítima del Cap. Francisco Ramiro Corajo y Da. María de Retes y Vázquez de Coronado (hija legítima del Cap. Jerónimo de Retes y Da. María Vázquez de Coronado -esta bisnieta del conquistador y primer adelantado de Costa Rica, Juan Vázquez de Coronado-).
Efectivamente, algunas familias que detentaron el poder durante la Colonia eran descendientes de Vázquez de Coronado y lo conservaron aún después de la Independencia y hasta nuestros días, pero no todos los descendientes de Vázquez de Coronado tuvieron acceso al poder. Un ejemplo claro en este sentido corresponde a los hijos, nietos y bisnietos mulatos de Teresa Cordero Solano, quienes fueron artesanos, labradores y pequeños propietarios en Cartago y Escazú, alejados del poder político que ostentaron algunos de sus parientes lejanos.


Incluso algunos presidentes de Costa Rica, como León Cortés Castro, Luis Alberto Monge Alvarez y Otilio Ulate Blanco, aunque descendientes de conquistadores -como todos en Costa Rica (y en toda Lanitoamérica)-, su padres, abuelos y bisabuelos nunca tuvieron un poder político de alta jerarquía.
Asimismo, la mayoría de ticos descendemos de Andrea Vázquez de Coronado, hija bastarda de Gonzalo, hijo a su vez de Juan Vázquez de Coronado (hijo, bastardo también, de Gonzalo Vázquez de Coronado, VI señor de Coquilla y de la Torre, quien murió en Salamanca, España). Andrea casó con el alférez Diego Peláez de Berríos (entre sus hijos está Juan Vázquez de Coronado, en cuyo testamento se lee de Berríos, como ya lo había dicho Eladio Prado y Norberto Castro, y no de Lermos como se ha asegurado en otros trabajos genealógicos). La descendencia legítima de don Gonzalo quedó en Nicaragua.


Gonzalo heredó el título de Adelantado de Costa Rica que le dio la Corona Española a su padre por los servicios prestados en su favor (valga decir por la usurpación de las tierras de lo que actualmente conocemos como Costa Rica y el sometimiento de los aborígenes, según "los designios divinos" que aseguraba tener el rey español). Se creía que en Costa Rica no había descendientes por línea legítima de don Gonzalo, pero en una visita que realicé en febrero de 1993 al Archivo Diocesano de León, en Nicaragua, hallé el testamento y mortual de José Salazar, abuelo de los Salazar Aguado de Costa Rica, en que consta el entronque con esa familia.

 


DESCENDENCIA DE Dª TERESA CORDERO SOLANO y ANTONIO SABORIO BONILLA....

PRIMERA GENERACION

SABORIO CORDERO (VALLE DE ASERRI)
Da. Teresa CORDERO SOLANO, hija legítima de Ambrosio Cordero y Da. Gertrudis Solano Vázquez de Coronado, casó en Heredia , el 11 de abril de 1728 con el Alf. Antonio SABORÍO BONILLA, mulato, carpintero, murió en San José, en 1773, su mortual se inició el 22 de abril de ese año, hijo legítimo de Esteban de Saborío y María de Bonilla.
HIJOS:
oAntonia Saborío Cordero, nació hacia 1736, casó con Martín Gutiérrez. Sigue en familia Gutiérrez Saborío.
oMaría Saborío Cordero, nació hacia 1740, aparentemente soltera y no se conoce descendencia.
oManuela Saborío Cordero casó con José Miguel de Alvarado. Sigue en familia Alvarado Saborío.
oAlf. Francisco Cayetano Saborío Cordero casó con Marcela Céspedes. Sigue en familia Saborío Céspedes.


SEGUNDA GENERACION

GUTIERREZ SABORIO (SAN JOSE)
Antonia SABORÍO CORDERO, mulata, nació hacia 1736, casó en San José , en 1751, con Martín GUTIÉRREZ, nació hacia 1726, muerto antes de 1773; natural de la ciudad de Chiriquí, reino de Tierra Firme (Panamá).
oAparentemente sin descendencia


ALVARADO SABORIO (SAN JOSE)
Manuela SABORÍO CORDERO, mulata, muerta ya en 1773, casó en San José , el 22 de junio de 1768, con José Miguel de ALVARADO, quien se obliga por la herencia materna de sus hijas, en San José , el 14 de mayo de 1773.
Hijas:
oJuana de Alvarado Saborío, bautizada en San José , el 7 de octubre de 1769. Sin más referencias.
oGertrudis de la Natividad Alvarado Saborío , bautizada en San José, el 7 de octubre de 1769; casó con Miguel Inocente Céspedes Membreño. Sigue en familia Céspedes Alvarado.


Padrinos de:
oJosefa Micaela, hija de padres no conocidos, bautizada en San José ,el 2 de abril de 1769.


SABORIO CESPEDES (CARTAGO)
Alf. Francisco Cayetano (José Cayetano 1775) SABORÍO CORDERO, mulato, casó en Cartago , el 2 de octubre de 1773, con Marcela Josefa (Manuela Josefa 1774) de CÉSPEDES, mulata, viuda de José Toribio Bardales .
Hijos:
oManuela Josefa Saborío Céspedes, mulata, bautizada en Cartago , el 8 de febrero de 1774.
oMaría Saborío Céspedes, bautizada en Cartago , el 7 de setiembre de 1775.
oAngela María Saborío Céspedes casó con José Manuel Valerín Chavarría. Sigue en familia Valerín Saborío.
oCayetana de los Dolores Saborío Céspedes, mulata, bautizada en Cartago , el 22 de diciembre de 1777; casó con Javier Calvo Argüello. Sigue en familia Calvo Saborío.
oJosé Dolores Saborío Céspedes, mulato, bautizado en Cartago , el 18 de diciembre de 1781, casó con Josefa Morales. Sigue en familia Saborío Morales.


TERCERA GENERACION

CESPEDES ALVARADO (ESCAZU)
Gertrudis ALVARADO SABORÍO, mulata, casó en San José , el 19 de febrero de 1787, con Miguel Inocente CÉSPEDES MEMBREÑO, mulato, la mortual de ambos se inició en Escazú , el 3 de julio de 1871, hijo legítimo de José Antonio Céspedes y María Membreño.
Hijos:
oRafaela Evarista Céspedes Alvarado, bautizada en San José , el 26 de octubre de 1791; casó en Escazú , el 31 de julio de 1822, con Rafael Carmona Amador , hijo legítimo de Juan Carmona y Gregoria Amador . Con descendencia.
oMaría Josefa Céspedes Alvarado, española, bautizada en San José , el 14 de mayo de 1796.
oMartina Céspedes Alvarado, mulata, casó en San José , el 28 de agosto de 1811, con Mariano Castro Rojas , mestizo, hijo legítimo de Dn. Eusebio Castro Trejos y Juana Rojas Arias (casó segunda vez en San José , el 13 de mayo de 1822, con Ramona Villalta Arias, hija legítima de Alejandro Villalta Cascante y María Arias Rojas ). Con descendencia.
oJosé de la Rosa Céspedes Alvarado, mulato, bautizado en San José , el 6 de setiembre de 1797; casó en Escazú, primera vez , el 3 de mayo de 1819, con Rafaela Altamirano Vanegas, hija legítima de Tomás Altamirano Cerdas y Angela Vanegas ; segunda vez , el 7 de abril de 1834, con María Josefa Quirós Agüero, hija legítima de Juan de Dios Quirós y María Agüero . Con descendencia.
oFabiano (José Fabián 1803) Céspedes Alvarado, mulato, bautizado en San José , el 21 de enero de 1803; casó en Escazú , el 11 de agosto de 1823, con María Carmona García , hija legítima de Vicente Carmona y Josefa García . Con descendencia.
oJuana Josefa Céspedes Alvarado, mulata, bautizada en San José , el 26 de junio de 1805; casó en Escazú , el 31 de julio de 1822, con Manuel Sandí Solís , hijo legítimo de Juan Trinidad Sandí y María del Pilar Solís . Con descendencia.
oJosé Agustín Céspedes Alvarado, mestizo, bautizado en San José , el 5 de mayo de 1808; casó en Escazú , el 1º de junio de 1831, con Francisca Madrigal , hija de Lorenza Madrigal. Con descendencia.
oVicenta Céspedes Alvarado casó en Escazú , el 23 de enero de 1822, con Pedro Durán, viudo de María Cubero . Con descendencia.
oAntonio Céspedes Alvarado casó en Escazú, primera vez , el 30 de enero de 1822, con María Sandí Solís , hija legítima de Juan Trinidad Sandí y María del Pilar Solís ; segunda vez , el 7 de enero de 1828, con Andrea Arias , hija de Rita Arias. Con descendencia.


VALERIN SABORIO (CARTAGO)
Angela María SABORÍO CÉSPEDES, mulata, casó en Cartago , el 3 de junio de 1790, con José Manuel (José María 1800 y 1829) VALERÍN CHAVARRÍA, mulato, hijo legítimo de José Romualdo Valerín (Valerino) y Juana Josefa Chavarría (o Guzmán) , mulatos.
Hijos:
oJosé de la Cruz Valerín Saborío, bautizado en Cartago , el 4 de mayo de 1800.
oJosé Nicolás Valerín Saborío, bautizado en Cartago , el 5 de mayo de 1804, murió en 1861; casó en Cartago , el 12 de enero de 1829, con María Cayetana Matamoros Ibarra , testó en Cartago, el 17 de agosto de 1873; su mortual se inició en la misma ciudad , el 23 de julio de 1875; hija legítima de José Mariano Matamoros Chavarría y María Josefa Ibarra (o García) . Con descendencia.
oJesús Valerín Saborío, testó mancomunadamente con su esposa, en Cartago , el 19 de diciembre de 1837, casó con María Eustaquia Aymerich (Almeriche) Chavarría , mulata, su mortual se inició en la misma ciudad , el 13 de enero de 1858; hija legítima de Francisco Javier Almeriche (Aymerich) y Juana Josefa Chavarría Bogarín , mulatos. Con descendencia.


CALVO SABORIO (CARTAGO)
Cayetana SABORÍO CÉSPEDES, mulata, casó en Cartago , el 3 de febrero de 1803, con Javier CALVO ARGÜELLO, mulato, hijo legítimo de José Nicolás Calvo y Juana María Chavarría (o Argüello), pardos libres .
oAparentemente sin sucesión.


SABORIO MORALES (CARTAGO)
José Dolores SABORÍO CÉSPEDES, mulato, casó en Cartago , el 25 de agosto de 1799, con Josefa (Josefa de los Angeles 1801) MORALES, mestiza.
Hijos:
oJuan Miguel Saborío Morales, mulato, bautizado en Cartago , el 27 de julio de 1801.
oJosé María de los Dolores Saborío Morales, mulato, bautizado en Cartago , el 9 de setiembre de 1803.
oMaría de los Angeles Saborío Morales, mulata, bautizada en Cartago , el 31 de octubre de 1806; casó en la misma ciudad , el 8 de octubre de 1828, con Dolores Romero Arriola , mulato, hijo legítimo de Vicente Romero y Andrea de Jesús Arriola (Arreola) Gómez , mulatos. Con descendencia.
oAna Joaquina de la Ascención Saborío Morales, mestiza, bautizada en Cartago , el 12 de mayo de 1809, testó en Cartago, 9 de mayo de 1881, murió en la misma ciudad , el 3 de junio de 1881; casó en Cartago , el 15 de mayo de 1830, con Agustín Maroto, muerto ya en 1881, hijo natural de Dolores Maroto. Vecinos del Barrio de los Angeles, Cartago. Con descendencia.
oNicolás Alfonso Saborío Morales, mulato, bautizado en Cartago , el 30 de enero de 1812.
oMaría Florentina Saborío Morales, mulata, bautizada en Cartago , el 13 de marzo de 1814, casó en la misma ciudad , el 4 de febrero de 1837, con Juan Francisco Chinchilla Quirós , mestizo, hijo legítimo de Juan José Chinchilla Quirós y Juana Petronila Quirós Soto , mestizos. Con descendencia.
oJoaquín Saborío Morales, nació hacia 1822, casó en Cartago , el 14 de junio de 1847, con Paula Cedeño Herrera , mestiza, hija legítima de José Agustín Cedeño González y Da. Marta Josefa Herrera Jiménez .


BIBLIOGRAFIA

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