Héctor Hernández
http://www.helsinki.fi/hum/ibero/xaman/articulos/9705/9705_hh.html (adaptado)

América Latina y Estados Unidos: Una relación que no tiene nada de romántica


Parafraseando a Carlos Fuentes, que a su vez parafrasea a un conocido periodista estadounidense, los Estados Unidos están dispuestos a hacer cualquier cosa tratándose de América Latina, menos aprender sobre ella. Para los norteamericanos Latinoamérica no es sino una región atrasada a la que ellos tienen el deber de vigilar, más aún, como si de hijos desobedientes se tratara se consideran con la obligación moral de castigar aquellas faltas que los hijos cometiesen.
El pueblo norteamericano, de por si ignorante de cuanto ocurre más allá de su entorno inmediato, ha sido inducido a mirar con desconfianza y a menudo con temor todo aquello relacionado con las naciones al sur del Río Bravo. En los medios de comunicación norteamericanos se magnifican los defectos mientras enmudecen las virtudes de Latinoamérica. El ser latino ha sido convertido en sinónimo de narcotraficante, mal viviente, desobligado y macho golpeador de niños y mujeres; seres estética e intelectualmente inferiores, dignos de muy poca confianza son mostrados a diario por los medios de comunicación representando la totalidad del universo latinoamericano.
A la desconfianza y el temor por lo latino se suma la prepotencia y el racismo con que los norteamericanos han aprendido a mirar a Latinoamérica. El gobierno de los Estados Unidos no es sino el reflejo de lo que el público norteamericano exige. Desde la Casa Blanca se producen y promueven las imágenes y los símbolos de lo que América Latina significa para ellos: corrupción, narcotráfico, inestabilidad económica, política y social, atraso, pobreza, insalubridad y toda clase de males endémicos, socialmente hablando, son lo que los norteamericanos conocen de América Latina y es lo que a su gobierno le interesa difundir.
Este - ha dicho Bill Clinton - ha sido el siglo Americano y América - continuó en su discurso de protesta como presidente reincidente de los Estados Unidos de América - se ha convertido en la nación indispensable. Como ha podido observarse en múltiples ocasiones, Norteamérica se ha apropiado del nombre de todo el continente y los norteamericanos hacen uso del toponímico sin importar el lugar donde se encuentren. Esta situación no tendría importancia y a cualquier ciudadano de América Latina, o Canadá; le tendría sin cuidado de no ser por las implicaciones y consecuencias de tan simple hecho.
En su segundo periodo el gobierno encabezado por Bill Clinton ha enviado al mundo señales más que evidentes de sus intenciones hacia cada una de las regiones del mundo. Dependiendo del interés o la importancia que para Washington tengan cada país o región recibe un trato diferente. Hacia Latinoamérica la actitud norteamericana ya ha sido definida: continuar apoyando los gobiernos neoliberales y continuar la politica de hostigamiento hacia Cuba al tiempo que se presiona a los demás paises, incluidos los externos a América Latina, para continuar el bloqueo hacia el pueblo cubano. Las características del trato que cada país latinoamericano recibe de Estados Unidos se definen por la importancia que el mismo gobierno norteamericano le otorga, sin embargo los criterios para establecer el grado de importancia no se definen fácilmente. Básicamente, la política de Clinton esta orientada a mantener el estado de cosas vigente y de ser posible profundizarlo presionando donde sea necesario y con los mecanismos adecuados.
El objetivo fundamental se encuentra en impedir que los países latinoamericanos operen fuera del área de influencia de Washington y evitar que dejen de ser la fuente más importante de recursos con los que Norteamérica financia su propio déficit interno. Deteniéndonos un poco en la situación política y económica de los Estados Unidos observamos que los sectores que en noviembre del año pasado dieron el margen de victoria a Bill Clinton - las mujeres, la comunidad negra y los latinos - son los mismos que ya están soportando el peso de la políticas del gobierno.
Veamos: el gobierno de Clinton ha promovido recortes al presupuesto de bienestar social cancelando múltiples programas de apoyo financiero a las capas más necesitadas siendo las mujeres con hijos las primeras perjudicadas con tal medida; ha promulgado una "ley antiinmigrante" que afecta principalmente a los latinos y con el argumento de la lucha contra el crimen organizado y de la seguridad interna ha promovido la edificación de más cárceles y aumentado el número de policías con lo que seguramente se golpeará más a los sectores pobres y especialmente a las comunidades negra y latina. Para esos sectores el gobierno solo ofrece aprovechar que se vive en el país de las oportunidades aunque no en uno de garantías, desmantelando el estado de bienestar social y destruyendo el contrato social construido hace sesenta años. Pero también los sectores medios anglosajones se han visto afectados por los recortes presupuestarios y las políticas restrictivas del gobierno lo cual ha provocado reacciones en esos sectores hacia todo aquello o aquellos que consideran responsables por el descenso en los niveles y calidades de vida. Para los medios de comunicación y la sociedad norteamericana ha sido mucho más sencillo hallar los culpables de su propia difícil situación en el exterior que buscarlos en los programas del gobierno y las iniciativas de los dos "partidos únicos".
Las consecuencias de este comportamiento, por llamarlo de algún modo, se están pagando en otras partes. Latinoamérica es una de las regiones que más padece por ello. Desde Washington se promueve el pago de utilidades en los mercados financieros a niveles nunca antes alcanzados, si a esto se suman los intereses de la deuda externa y la transferencia masiva de capitales de renta e interés hacia bancos norteamericanos y la transferencia de capitales de las transnacionales hacia sus oficinas centrales podemos explicarnos las razones de los Estados Unidos para perpetuar el estatus quo latinoamericano: presidentes tecnócratas, gobiernos flexibles y oligarquías sumisas mirando constantemente hacia la Casa Blanca.
Durante el presente siglo Estados Unidos se convirtió en el poder industrial y comercial más fuerte, dicen en Norteamérica que ellos salvaron al mundo de la tiranía en dos guerras mundiales y que gracias a ellos pudo mantenerse a salvo la democracia durante una larga guerra fría. Los Estados Unidos crearon la gran clase media mundial y han producido la mejor democracia que encabeza un mundo de democracias. Según ellos, los norteamericanos, hoy más países viven en la democracia y muchos menos en la dictadura.
Las anteriores afirmaciones pueden ser ciertas, pero también lo es el hecho de que ocultan una parte de verdad. Con todo, lo más grave no es el hecho de afirmar medias verdades o, a fuerza de repetirlas constantemente, transformar en verdaderas las falacias que Norteamérica crea sobre si misma y sobre el resto del mundo, lo que es preocupante es lo que no se dice, lo que se oculta detrás de los discursos y "las buenas intenciones" del gobierno norteamericano y lo que el resto del mundo está dispuesto a creer y aceptar como verdades absolutas a fuerza no tanto de la repetición sino de intereses económicos y políticos no siempre confesados.
En Estados Unidos no se menciona, por ejemplo, que gracias al trabajo de los indocumentados mexicanos en los campos agrícolas del sur pudo contar con las suficientes reservas de alimentos y con la cantidad de hombres suficientes, para evitar que sola la Unión Soviética derrotara a los ejércitos de Hitler en Europa y arrebatarle el título de "liberador de Europa"; tampoco se dice nada acerca de que su industria bélica difícilmente pudiera haberse desarrollado como lo hizo hasta convertirse en la primera potencia militar de la Tierra sin los recursos extraídos de los países latinoamericanos.
Para garantizar el suministro de recursos y materias primas a la creciente industria en Estados Unidos gobiernos autoritarios y dictaduras tuvieron que establecerse en la mayoría de los países de América Latina donde con el apoyo o cuando menos la complacencia de Washington los derechos humanos y el respeto a la dignidad humana se convirtieron en letra muerta. La democracia pudo mantenerse en Europa sólo a costa de ser negada en otras partes del mundo, de esto tampoco se habla. El pretexto de la "guerra fría" sirvió para justificar todo tipo de abusos, golpes de estado y el saqueo sistemático de los recursos naturales y la constante intervención de los Estados Unidos en los asuntos latinoamericanos.
La gran clase media mundial no es ninguna invención norteamericana así como no lo es tampoco el Estado de bienestar ni la democracia parlamentaria. En todo caso correspondería a Europa, especialmente a los Países Nórdicos, reclamar por la paternidad de algunas de las instituciones más propagandizadas de Norteamérica.
La mejor democracia liderando un mundo de democracias no parece ser una buena descripción de lo que en estos momentos ocurre en el Continente Americano. Las medidas adoptadas por el gobierno norteamericano, especialmente aquellas dirigidas a recortar los presupuestos de la seguridad social, el desempleo, la educación y vivienda se reflejan en la actitud de los norteamericanos hacia América Latina Al temor y la sospecha hay que aumentar el chovinismo y la xenofobia con que los norteamericanos están mirando a Latinoamérica. Desde el gobierno surgen leyes antiinmigrantes con un alto contenido racista que restringen los derechos de los inmigrantes, sean o no ilegales, sobre todo si provienen de algún país latinoamericano.
La política de Washington de extraer el máximo superávit de América Latina para compensar su propio déficit interno y para equilibrar el déficit externo con Europa y Asia esta forzando la situación social en América Latina a niveles alarmantes. Los gobiernos neoliberales por su parte no están haciendo mucho por aliviar la crítica situación de los trabajadores y campesinos en sus países, al contrario, cada vez se impulsan más las políticas de libre mercado mientras la tensión social y política aumenta, los conflictos sociales son más frecuentes. Aparentemente se ha preparado el escenario para enfrentamientos sociales de gran magnitud.
Decíamos antes que Estados Unidos puede hacer todo con respecto a América Latina pero no aprender de la historia. En Latinoamérica los Estados Unidos han ensayado de todo: Desde la Revolución Verde hasta las vacunas y métodos de esterilización definitiva sobre las poblaciones indígenas; de la capacitación y formación de cuadros técnicos en apoyo a la producción en comunidades de escasos recursos a la invasión militar desplegando las últimas novedades en equipo bélico, del apoyo a la investigación en centros de enseñanza superior hasta la desestabilización social y el derrocamiento de gobiernos legítimos, nada parece haber quedado fuera del alcance de la mano del "Tío Sam".
En América Latina se esta fabricando un cóctel sumamente explosivo que de estallar tendrá consecuencias difíciles de imaginar no solo para la región sino para el mundo entero. La lista de los ingredientes es fácil de imaginar: Extrema pobreza de amplias capas de población, saqueo de recursos y transferencia neta de capitales por concepto de la deuda externa, explosividad social y surgimiento de grupos radicales, nuevas guerrillas y reaparición de viejos grupos armados, radicalización de los movimientos sociales, surgimiento de nuevos líderes sociales de tendencias nacionalistas, además de algunos otros factores, han formado un escenario que los Estados Unidos no parecen estar preparados para enfrentar a no ser de la manera tradicional, es decir, por medio de la asistencia militar incluyendo el envío de tropas en casos extremos.
En este sentido vale la pena mencionar que el presupuesto del Pentágono sigue siendo de los más altos del país y que las partidas presupuestarias para la CIA, DEA, y otros etcéteras se han incrementado en el último ano. Conviene recordar que una de las primeras iniciativas de Clinton en su reciente mandato ha sido la creación de un cuerpo militar continental comandado por los generales estadounidenses, (?por quién más?) y que las campañas contra el narcotráfico continental contienen un alto grado de intervención en las esferas políticas de los países señalados por Washington, (nuevamente, ?por quién más?) como protectores del narcotráfico.
Por su parte los gobiernos tecnócratas neoliberales parecen estar olvidando también la lección. Obsesionados en aplicar los dictados del FMI, el Banco Mundial y Washington, la mayoría de los gobiernos de América Latina enfrentan ya los efectos de la crisis social en la que están sumidos (sus países) sin ningún tipo de programa. Al haber fracasado las políticas económicas los gobiernos no encuentran como justificar la tremenda polarización social a la que se ha llegado. La brecha entre riqueza y pobreza se ha ampliado a niveles tremendos, la riqueza se ha concentrado de manera escandalosa en unas cuantas manos mientras la gran mayoría de la población ha visto caer su poder adquisitivo y por tanto sus niveles de vida. Las clases medias en América Latina, el orgullo del "american way of life" se ha diluido, entre las clases pudientes los menos, y entre los sectores pobres la gran mayoría. Ya en otro tiempo otros neoliberales celebrados por Washington arruinaron la vida de sus gobernados. Los Somoza, Odría, Pérez Jiménez, Trujillo, Batista fueron parte de los motivos por los que surgieron los movimientos de liberación en los años sesenta y setenta.
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Las señales de la tremenda polarización social están en todas partes, los grupos sociales que antes no se manifestaban ahora lo están haciendo de forma cada vez más violenta. No son sólo estudiantes, trabajadores, intelectuales, campesinos y todos aquellos que tradicionalmente han encarado al gobierno quienes están actuando en el escenario latinoamericano, en la oscuridad también están actuando las mafias de todo tipo: los narcotraficantes con todo su poder económico y militar, los políticos que han abusado del poder para enriquecerse y no quieren perder sus privilegios, la vieja oligarquía terrateniente que ve un peligro en cada manifestación de los campesinos pobres y que no duda en armar sus propios ejércitos privados para proteger sus propiedades. Todos ellos están actuando en el mismo escenario que los movimientos sociales legítimos, pero con distintas armas.
La relación entre Estados Unidos y América Latina esta marcada por la dependencia mutua, no puede evitarse. Como en toda historia de amantes apasionados siempre hay uno que pone más y que sale perdiendo. En este caso el más enamorado es Latinoamérica. A mayor pobreza es mayor el brillo de los billetes verdes, por eso, los pobres latinoamericanos se van para allá, dónde no se les quiere a pesar de ser tan necesarios. Hasta tiempos muy recientes se ha empezado a hablar de la importancia que los trabajadores indocumentados de casi toda América Latina tienen para la economía de los Estados Unidos, sin ellos, la gran industria alimentaria norteamericana nada más no existiría.
El problema de los norteamericanos es que no quieren aprender de la historia latinoamericana, pero ese también parece ser el problema de los latinoamericanos, que muy pronto nos hemos olvidado de la propia historia.
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Héctor Hernández es sociólogo mexicano. Actualmente vive en Finlandia.